Mensaje del editor

Revista Virtual Semestral
División de Estudios de Posgrado e Investigación
Instituto Tecnológico de Oaxaca.

Órgano de Divulgación del Desarrollo Regional y Tecnológico

Mensaje del editor

Es para nosotros motivo de gran satisfacción y orgullo sacar a la luz, nuevamente lo que podríamos denominar la segunda edición de nuestra revista virtual “Desarrollo Regional y Tecnológico”. La primera edición cuyo nombre era: “Unidad y Diversidad” fue cancelada por circunstancias ajenas a nuestro control, pero ahora con renovado entusiasmo y energía iniciamos esta segunda etapa.

Decidimos nombrar a nuestra revista “Desarrollo Regional y Tecnológico” debido a que consideramos que el estado de Oaxaca es un territorio con amplias posibilidades de utilizar sus recursos con una visión de desarrollo regional racional, dado su enorme mosaico de ambientes y culturas que han funcionado unitariamente desde milenios y de esto podemos hacer una reseña: La accidentada y compleja orografía de Oaxaca, con sus sierras, cañones, valles, cascadas, ríos, arroyos, lagunas costeras y playas, crearon una gran cantidad de comunidades vegetales como bosques de pinos y encinos, bosque nublado de montaña, selvas altas perennifolias, selvas medianas sub-perennifolias, selvas bajas caducifolias, matorrales, pastizales, sabanas, manglares y vegetación de dunas costeras. Donde vive una variada fauna compuesta por jaguares, pumas, coyotes, zorros, tapires, venados, liebres, tlacuaches, mapaches, tejones, armadillos, conejos, liebres, águilas, halcones, lechuzas, tecolotes, murcielagos y muchas especies de reptiles como iguanas, víboras y lagartijas, arácnidos insectos, y un número incalculable de microorganismos del suelo, aún desconocidos para la ciencia, así como un sinfín de especies marinas, dado su enorme litoral con el océano Pacífico. Esta diversidad ambiental determinó una amplia amalgama de recursos naturales que permitieron la formación de diversos grupos étnicos: las sociedades humanas de Oaxaca, que con el tiempo crearon diversas manifestaciones culturales acopladas a la diversidad ambiental.

            Históricamente el estado de Oaxaca ha sido habitado por grupos étnicos (zapotecos, mixtecos, mixes, mazatecos, chinantecos, triques, cuicatecos, popolocas, amusgos, chatinos, chontales, nahuas, huaves, zoques, ixcatecos, chocholtecos) bien caracterizados, cuyas diferencias fueron determinadas por las condiciones ecológicas en las que cada grupo se desarrolló a través del tiempo. El ambiente y el tiempo fueron imprimiendo su sello característico a cada grupo humano y comunidad biológica. Podemos decir que topografía y clima fueron determinando los hábitos, estos hicieron las costumbres, las costumbres hicieron las tradiciones y las tradiciones produjeron la identidad de estos pueblos. Como resultado, la población del estado muestra una gran diversidad de expresiones culturales, derivadas de habilidades ancestrales, que permitieron la realización de excelsas manifestaciones artesanales cuyo valor es incalculable.

            Cuando se habla de riqueza cultural, la referencia alude a la identidad de un pueblo, con sus paisajes naturales, hábitos, costumbres y tradiciones. Este tipo de riqueza no tiene traducción económica. Cuando se valora en función del dinero, deja de ser riqueza cultural y se transforma en riqueza económica, la cual sí es calculable, sin embargo la riqueza cultural no tiene precio, cuando esta se calcula en dinero deja de ser lo que se da espontáneamente y pasa a ser ese algo que se compra, se acumula y finalmente se desecha, una vez que cumple con su objetivo. La manifestación cultural es algo que se comparte y que perdura. La riqueza monetaria es algo que se adquiere, se usa y se agota.   ¿Cómo traducir en valor monetario el momento en que se escucha una melodía o canción regional, cuando sopla la brisa fresca y fragante que nos acaricia la piel y el olfato? Cuando esto se calcula en dinero pasa de ser un valor cultural a un valor turístico, valor de uso, de consumo; no de éxtasis y absorción en el espacio y tiempo. En suma, un valor cultural es distinto a un valor económico, no tienen relación.

            Datos del censo de población y vivienda de 2010 indican que el 53% de la población en el estado de Oaxaca vive en localidades rurales y sus principales actividades son la agricultura, la ganadería, el aprovechamiento forestal y la pesca artesanal. Estas actividades se realizan mediante la organización comunitaria traducida en tequios, guelaguetzas, mayordomías, gozonas y padrinazgos, cuyas ganancias no se traducen en bienes y dinero sino en obras y el prestigio que adquieren quienes contribuyen a la riqueza comunal, a esto nos referimos cuando hablamos de ”Desarrollo Regional”. En este sentido, coincidimos con Schumacher (1985) cuando afirma que “mientras que en los grandes centros urbanos el capital es el generador de riqueza, en las pequeñas comunidades el generador de riqueza es el trabajo comunal”. En las pequeñas comunidades, la riqueza radica en el trabajo de la gente que se traduce en carreteras, caminos, represas, escuelas, templos, casas para los maestros, fiestas y empresas comunales para aprovechar algún recurso local. En el modo de producción capitalista, el capital determina la asignación de recursos para las obras. En el modo de producción campesina, no existe la acumulación de capital, la parcela de siembra produce el monto de cultivo necesario para sobrevivir durante un año.

           Conforme la modernidad y la globalización van penetrando, la propiedad privada se va estableciendo y la organización comunal va paulatinamente desapareciendo. En Oaxaca el trabajo comunal ha sido importante desde épocas prehispánicas. Los problemas empiezan cuando el gran capital perturba el sistema comunal, en forma de los llamados mega-proyectos, desplazando a la población local, siendo esta marginada; a esto se le puede denominar desarrollo regional desigual. Además modifican profundamente las condiciones naturales del sitio donde se implantan. Estos mega-proyectos traducidos en empresas e instituciones complejas, llegan con su propio personal especializado, con sobresueldos debido a su desplazamiento, por lo tanto sus ingresos serán mucho mayores que los ingresos de la población local. La población inmigrante finalmente encarece la vida de la gente local, debido a sus demandas de alojamiento y de productos básicos y por su mayor capacidad económica, son los que adquieren las mejores casas y los mejores productos. La población local que vivía en la dinámica de agricultura de temporal, ganadería extensiva, aprovechamiento forestal limitado o pesca artesanal, al no estar preparada para incorporarse a la gran empresa, se ubicará como los empleados que hacen el aseo en dicha empresa o bien vendiendo artesanías o alimentos regionales fuera de la misma. Este tipo de desarrollo finalmente resulta injusto para la población local.

            Por otra parte, muchos de los pueblos de Oaxaca han perdido en la relación comercial desventajosa que establecen con el exterior, pues cuando venden sus productos agrícolas, ganaderos, artesanales o de pesca, casi siempre reciben un pago injusto por sus productos; en cambio los productos industrializados que ellos adquieren, les cuestan mucho más. Mientras el producto industrializado cuenta con un respaldo financiero, contable, que valora el precio del producto en función del costo de materiales y horas de trabajo por obrero. Los artesanos y trabajadores rurales generalmente no cuentan con este respaldo y venden sus productos sin hacer un cálculo del costo de los materiales que utilizan, ni el tiempo empleado en la elaboración de sus productos. A esto le llaman los economistas “economía de subsistencia”, tal vez debería llamarse economía de resistencia (de más de quinientos años) pues toda esta gente logra sobrevivir a pesar de la explotación a la que está sometida.

La economía de subsistencia caracteriza a los campesinos que no tienen ni posibilidades ni hábitos de acumular capital o bienes, como los tienen los empresarios y gobernantes. En estas circunstancias Oaxaca resulta ser un estado rico con una población pobre, debido a la mala distribución de la riqueza, aun cuando este tiene una gran cantidad de recursos como minerale, scostas con todo su caudal de riquezas marinas, bosques tropicales y templados, montañas, valles, cascadas, rios, mantos freáticos, una variada flora y fauna, una gran diversidad de cultivos agrícolas (maíces, calabazas. frijoles, chiles, tomates, frutale) con su gran variedad de razas regionales, que permiten preparar un sinnúmero de platillos típicos.

Otro elemento que ha contribuido para que la gran mayoría de la población oaxaqueña esté pobre, es la explotación ancestral que ha padecido por quienes han sustentado el poder económico y administrativo del estado. Oaxaca resulta ser así una dualidad lastimera y profunda entre la riqueza y la pobreza, lo tradicional y lo moderno, entre lo solemne y lo cursi, entre el idioma español y las múltiples lenguas del Estado. Donde se confunde la carcajada con el llanto; la fiesta con el acto funerario; la manifestación política con la calenda, dos caras de una misma moneda. Compleja tiene que ser la gente puesto que complejo es el territorio. En esta dualidad contrastante los gobiernos que han regido los destinos de Oaxaca, por un lado hacen gala de las maravillas de los recursos naturales y las riquezas culturales (explotando el folklore del estado) y por otro buscan el gran capital y tecnologías exógenas, para establecer sus discutibles proyectos que finalmente resultan perturbadores de las culturas y recursos naturales.

El desarrollo científico y tecnológico alcanzado por el hombre lo induce hacia la globalización de sus actividades; ahora se habla de una economía y de un uso global de recursos, y todo eso también conduce, sin lugar a dudas, a problemas ambientales globales. Quienes determinan las políticas mundiales de “desarrollo” son los gobernantes y grupos de poder de los países industrializados y organismos financieros internacionales, que “nos muestran la manera cómoda en la que se debe vivir”, sin embargo, este modo de vida está llevando al colapso ambiental del planeta. Ellos consideran que los “subdesarrollados” son los equivocados, que debemos ser como ellos para alcanzar el “desarrollo” visto este como crecimiento económico, en ningún momento se cuestionan si son ellos los que deberían ir a un paso más lento y con un uso más racional de recursos; tal como lo hacen los “subdesarrollados”.

Estos y otros muchos aspectos interdisciplinarios tales como desarrollo sustentable, ambiente, ciencia y tecnología, asi como cultura y sociedad, son los que se discutirán en los artículos de nuestra revista “Desarrollo Regional y Tecnológico”.

Enrique Martínez y Ojeda.

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